Todo comenzó en 1810. El príncipe heredero Luis I de Baviera y la princesa Teresa de Sajonia-Altenburgo se unieron en matrimonio. La celebración se alargó durante cinco días, participando de ella las personalidades más destacadas de la época y el pueblo de Baviera. El evento más exitoso fue una gran carrera de caballos realizada en las afueras de la ciudad; fue tan exitosa que se decidió repetirla al año siguiente.
El nacimiento de la Wiesn. Aquel lugar, la Theresenwiese (Prado de Teresa) fue establecido en honor a la princesa y, sin saberlo, se consolidaría como el hogar de la Oktoberfest, o como la conocen los lugareños: La Wiesn.
La evolución de la fiesta. En 1818. Las tabernas bávaras se unieron a esta festividad, pero no sería hasta el año 1896 cuando comenzaron a establecerse las grandes carpas que conocemos actualmente. En sus primeros años, la actividad principal giraba en torno a las ferias agrícolas, atracciones circenses y pequeños puestos gastronómicos.
La consolidación. A finales del siglo XIX, la fiesta gozaba de tanta popularidad que se formalizó su nombre como Oktoberfest. Se estableció que comenzaría el primer fin de semana después del 15 de septiembre, adentrándose en los inicios del mes de octubre, con el objetivo de encontrar una climatología favorable.
Una tradición que viaja. Más de dos siglos después, ese mismo espíritu de comunidad y celebración es el que hemos querido traer al mediterráneo.